Esta nota es parte de una serie de notas agrupadas y relacionadas que buscan entender cuál es el factor clave para potenciar la compra y venta online en América Latina.
Otro aspecto que se ve como un “obstáculo” en el desarrollo del comercio electrónico es el de la idiosincrasia particular que supuestamente tenemos los latinoamericanos. “Conceptualmente creo que aun no tenemos esa conciencia de que si compro algo por Internet me va a llegar lo que yo quiero. Aun se desconfía mucho a raíz que existe mucha informalidad” comenta Federico Armando.
Un punto que comento Giancarlo Lissa es el hecho de que es necesario “comprender que, a diferencia de los países industrializados, el nivel educativo y social latinoamericano es completamente diferente.” En este sentido me parece importante resaltar dos aspectos. Por un lado es cierto que un latinoamericano típico no es igual a un norteamericano típico. No son iguales en sus gustos, en sus hábitos, en su capacidad de consumo. Reconocer esto es fundamental para adaptar los modelos, productos y servicios que “importamos” del primer mundo. Algo que funciona muy bien en esos países puede tener mucho éxito acá también… algunas adaptaciones mediante. Pero no todo lo que funcione allá funcionará acá. Y una cosa muy importante: podemos hacer cosas originales acá que no existen o no podrían funcionar allá. Y esto no es un hecho menor.
Por otra parte, si bien puede haber diferencias culturales entre nosotros y nuestros equivalentes de países desarrollados, en muchos aspectos somos iguales. No parecidos, pero iguales. Y esto se da fundamentalmente en nuestra condición de seres humanos. En la generación de expectativas (¿quién no espera que llegue el producto que compro?), la necesidad de confianza (¿quien daría 1000$ a un completo desconocido?), la capacidad de desear (¿quién no desea el iPhone aunque sea para ver como es?), entre otras muchas características, somos iguales. Y esto es importante destacar para diferenciar lo que son problemas verdaderamente culturales, de idiosincrasia, de lo que pueden ser factores externos a la persona. Por ejemplo, Alejo Godoy Flores comenta que “el consumidor latino tipo es más “sensorial” que “virtual” (o sea, necesita ver, tocar, sentir y, si le fuera posible, experimentar el producto antes de tomar la decisión de compra).” Ahora, si bien no descarto que seamos un poco más “sensibles” en ese sentido, ¿seguiríamos sintiendo tan fuertemente esa necesidad de sentir el producto si pudiéramos devolverlo sin costo si no nos gusta? ¿Lo seríamos si confiáramos que lo que vemos en las fotos es lo que nos va a llegar?
En resumen, ¿cuánto hay verdaderamente de idiosincrasia particular y cuanto de reacción ante un sistema que no funciona?
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